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Mi Antigua: Pierre Turlin

By on September 2010

¿Cómo vino a Antigua? Bien, yo soy de Paris y desde que empecé a trabajar allí,  me dediqué solamente a eso.  Yo había creado un espacio, bastante grande, que era un restaurante donde había música en vivo, exposiciones y una  exposición de modelos de muebles, lo tuve un año y medio y durante en ese período, casi no regrese a mi casa porque no había tiempo.  Allí fue que tomé la decisión de venderlo,  pensé “no, me voy a matar” entonces fue que me fui con la intención de ir totalmente en otra dirección.  Como tenía muchos amigos en lugares de América Latina, decidí irme a los Estados Unidos, comprarme un pickup con un camper y de viajar por toda América Latina.  Me fui de los Estados Unidos hasta Brasil pasando por todos los países y por varias circunstancias; primero, compré una finca en Costa Rica y la verdad no me gustó tanto y como yo ya había encontrado a Nadia (mi ahora esposa) en mi paso por Guatemala, empezamos una historia sentimental.  Ella me dijo mira, yo estoy acá, me gusta y entonces si quieres ven acá. Y lo hice.

¿Cuál era su trabajo en Francia? Bueno, una vez terminada mi secundaria, estudié arte plástica, cerámica y me gradué en ambas y luego en diseño.  Mi trabajo es siempre el mismo desde que soy pequeño, la creación, todo lo que tiene que ver con ella para transformar la materia y dar otra apariencia.  En Paris, lo que hacía era prototipos de muebles, arreglaba exposiciones y esculturas.

¿Fue difícil conseguir trabajo en el área en el que usted se desarrolla? Yo nací en el 51 y, en los años 70 y 80 en Francia había una locura de oportunidad de trabajo porque eran los años de Mitterrand,  que tuvo dos períodos de gobierno.  Él era socialista, pero burgués, no socialista comunista, lo que significa que hay desarrollo con una dirección donde los burgueses y el pueblo se desarrollan,  todos encausados, entonces por 20 años me dediqué a trabajar y trabajar y trabajar.

¿Y qué ocurrió una vez en Guatemala? Me casé con Nadia, tuvimos un hijo y nuestra vida comenzó acá pero aun no estaba integrado a la sociedad de aquí porque no hablaba español, estaba con una italiana que hablaba francés y no tenía que hacer muchos esfuerzos para hablar y  porque no quería ejercer mi profesión acá, estaba en un plan de hacer barcos.

¿Cómo le fue con los barcos? Al llegar inicié a construir uno, luego lo terminé (me tomó tres años sin hacer nada más que el barco de un poco más de diez metros) y Nadia me ha dicho “es que nosotros no vamos a vivir en otro lado, nos quedamos acá”; imagina, después de hacer el barco por tres años, había que hacer otra cosa, entonces Nadia me dijo: “mira, por qué no propones tu trabajo de arte y diseño, acá hay una clientela que lo va a apreciar”, y yo dije: “está bien”.

¿Qué le pareció la idea de dar continuidad a lo que hacía en Francia? No me molestó,  porque es algo que me gustaba, porque era trabajar igual que antes pero de una manera diferente porque no tenía el estrés Parisino.  En Paris si quieres un tornillo vas a pasar dos horas buscando el tornillo. Pensé en crear una nueva gama de muebles, esculturas de cerámica  y una colección de vidrio soplado, fue así que abrimos el primer “show room” Differenza.

¿Cómo fue trabajar en Guatemala? Desde el principio, me di cuenta que en Guatemala hay una mina de oro en cuestión de gente y de material para trabajar.  Aquí hay un montón de artesanos que son muy buenos a nivel manual, la única cosa que le falta a la gente aquí es el desarrollo cultural ya que no fueron a la escuela y no conocen lo que pasa en el mundo, pero de capacidad manual son increíbles, tienen una facilidad enorme para ayudarme a desarrollar mis ideas.

¿Qué cambió con el tiempo? Encontré el mundo de los artesanos y trabajadores y por otro lado encontré el mundo que ya mi esposa conocía que es el mundo de los clientes.  Toda esta gente, de Antigua y la capital y algunos  extranjeros se dieron cuenta que tenía capacidad de desarrollo de arte plástica y me llaman a participar con otros proyectos, como el del Château DeFay.

¿Cómo ha mejorado su integración con Antigua? La gente me ha conocido más y más, me fui de Tesorero del Club Antigüeño, luego como presidente de la Asociación de Vecinos de San Pedro El Alto, y fue entonces que yo me volví totalmente Antigüeño y la prueba es que es muy poco lo que regresamos a Europa, casi ni tengo mucho deseo de ir, yo estoy totalmente metido en la vida de acá.

¿Qué es lo que más le gusta de la Antigua? Primero, Antigua hay un mundo, un grupo social en Antigua, te hablo de las personas que conoces,  como unas 5,000 o 10,000 personas que casi se conocen todos; mira los eventos que se organizan y todos los que van a un evento generalmente están en otro evento.  Caminas en la calle y no haces 50 metros sin conocer a alguien, tanto los Antigüeños como los extranjeros que son dos grupos pero no separados porque están mezclados, y esta mezcla ha hecho un grupo interesante.

Me gustan las posibilidades que hay para los niños en Guatemala. Acá los niños son importantes.  Yo de niño viviendo en París, no puedes jugar en la calle, no tenis, no jugar al fútbol, no hay nada, entonces yo saliendo de la escuela me iba a casa. ¡Aquí se puede hacer todo!  Eso es una de las cosas que me animó a tener un hijo, que el ambiente es distinto y se puede hacer tanto.

La única cosa que me falta por hacer en Guatemala es el derecho de votar por no tener la nacionalidad, lo más curioso es que en Francia nunca voté por ser muy individualista y acá me siento totalmente integrado a la sociedad.

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