Hogar Tio Juan: Hogar Dulce Hogar

Hogar Dulce Hogar

Para nosotros quienes hemos leído Oliver Twist, la palabra “orfanatorio” evoca todo tipo de imágenes desagradables. La referencia es lo suficientemente severa para que sólo la sugerencia de una visita a un orfanato pueda causarnos alguna depresión. Sin embargo, entrar en el Hogar Tío Juan, justo en el centro de la Zona Viva de la Ciudad de Guatemala, lo que va a impresionarnos es la pura felicidad en el aire.

Fundado en 1976, el Hogar Tío Juan (también conocido por el nombre en la organización: Mi Casa) ha guiado a sus primeras generaciones de residentes a través de su educación (muchos asisten ahora a universidades en el extranjero), sus bodas, y el inicio de sus familias. Una charla con el licenciado Enrique Barillas, el director del orfanato y director de la escuela en casa, que educa a los residentes hasta el 3º básico, revela algunos de los valores que nutren a los niños en este lugar. El propio Enrique era uno de los residentes del Hogar Tío Juan hace más de una década (y con orgullo dice que todavía lo es). Dejó su profesión de abogado, cuando el fundador del orfanato le llamó para decirle que el Hogar Tío Juan necesitaba de él y sus talentos.

La misión principal de este orfanato es, como bien dice Enrique, “Para dar raíces y alas a los niños”. Él explica: “Este lugar tiene que sentirse como en casa, no un recinto militar. El ambiente es relajado, y hay muchas oportunidades para divertirse y vivir la infancia de la cual podrían haber sido privados los niños. Para desarrollar los lazos de la familia y la amistad y nunca nunca olvidar de dónde venimos. A sentirte orgulloso de lo que eres y lo que puedes llegar a ser.” Para reforzar esta filosofía, los antiguos residentes regresan y hablan con las generaciones más jóvenes, haciéndoles darse cuenta de que un futuro feliz y exitoso no es sólo un sueño, sino una realidad que los niños pueden llevar a sus límites.

En el Hogar Tío Juan hay espacios amplios, muchas aulas, una cancha de baloncesto, una cancha de tenis, un auditorio, una piscina, jardines y una biblioteca con 17,000 libros. Un día típico comienza a las 5:30 AM, dando a los niños media hora para ducharse y prepararse para el desayuno, que se sirve a las 6 AM. De las 6:30 hasta las 7:50 AM son responsables de la limpieza de sus habitaciones y cada niño tiene sus propias tareas domésticas. Enrique recuerda con cariño que cuando era un niño su trabajo consistía en trapear un pequeño corredor. Por una fracción de segundo se detiene al principio del pasillo y dice, casi para sí mismo, “Esto se ve tan pequeño ahora; cuando solía yo limpiarlo, parecía tan largo e interminable”. Y entonces, rompiendo de su ensoñación momentánea, continúa contando la rutina restante de los niños en el Hogar Tío Juan. Las clases continúan hasta las 6 de la tarde, con dos descansos, uno para una merienda y el otro para el almuerzo. Antes de acostarse a las 8 PM, los niños pueden ver la televisión, jugar en el patio de recreo, sentarse y hablar, o simplemente pasar el rato con sus amigos. A los niños mayores, quienes estudian en las escuelas secundarias fuera del Hogar Tío Juan, se les permite quedarse despiertos hasta más tarde y tienen el privilegio de visitar compañeros de colegio afuera del orfanato.

Con frecuencia Enrique se refiere al orfanato como “hogar” y sí es un hogar: un hogar para 300 niños, quienes se enorgullecen del Hogar Tío Juan; un hogar donde los chiquitines vienen y se sientan en el regazo de Enrique durante la entrevista; un hogar donde los niños pequeños corren y juegan con alegría y donde su “hermanos” mayores les cuidan. Hay un gran vínculo entre estos niños y su director, y viéndolo en solamente una media hora en el Hogar Tío Juan, es obvio.
Al principio, Mi Casa sólo tenía un orfanato para niños varones, pero llegó un momento en el cual no podía ser ignorada la necesidad de tantas niñas, quienes también necesitan cuidado y un hogar. Por lo tanto un centro para niñas abrió sus puertas en el año 1992. Hasta el momento, más de 8,000 niños y 1,000 niñas han pasado toda o parte de su infancia siendo educados y cuidados por Mi Casa.

La ejecución de un programa tan enorme tiene un precio considerable. Sin embargo, Enrique dice que han tenido mucha suerte; han habido momentos cuando una donación, 1,000 huevos de gallina por ejemplo, ha estado esperando en la puerta. Con orgullo, él recuerda que ningún niño en el Hogar Tío Juan ha pasado hambre, ni ha sido no bañado, ni ha estado sin ropa, y que el orfanato nunca ha esquivado un pago de las facturas. Ellos siempre han tenido las necesidades, y el dinero siempre se ha encontrado para la educación y el cuidado de la salud. “Nunca hemos recibido una subvención ni hemos hecho una solicitud de financiamiento. Hemos tenido la suerte de que nunca hemos tenido que pedir. Tenemos un exitoso presupuesto y una pequeña lista de donantes. Todo lo que hemos necesitado ha estado ahí en la puerta – a veces incluso hasta antes de que nos anticipemos a la necesidad.”

Para más información acerca de Mi Casa, visita su sitio de internet: www.micasaonline.org.

Fotos por Ajita Chowhan

About the Author

has written 14 posts on this blog.

2 Comments on “Hogar Tio Juan: Hogar Dulce Hogar”

  • Mayra Barillas wrote on 1 julio, 2013, 20:46

    Para obtener información de inscribir a un niño en el programa tiene 12 años estudia primero básico y vive en santa catarina mita jutiapa. Gracias

  • Lourdes wrote on 16 noviembre, 2013, 13:30

    estoy interesada en llevar a mis hijos a entregar una donacion familiar de juguetes y si es posible de que mis niños conozcan el lugar y mi objetivo principal es enseñarles a que sean generosos y que vean lo afortunados que son al tener a su familia unida. Me pueden escribir? Gracias

Copyright © 2014 Qué Pasa Magazine. All rights reserved.
Proudly powered by WordPress. Developed by grupoquepasa